En son gatuno

Siempre he querido de esta forma unidireccional,
como cuando se acaricia a un gato.
Esperar algo en retorno causa estrés.
E incluso si me dieras,
aquí no tengo lugar donde acomodarlo.
Mi mente infantil entiende el mundo en términos del placer.

Siempre he querido barrer mi cara contra tu falda,
lijar mis costillas contra el bajo de tu pantalón,
en son gatuno.
Así te doy, dando es como recibo.
Quiero de ti lo justo,
un precioso receptáculo para mi dar.

Y estas reflexiones que no valen nada,
vienen del envoltorio de mi gen egoísta.

Del cuento “La vida según Mappin” de H. H. Munro

“Estamos maneados”, dijo la sobrina, calmosa y despiadadamente, “por restricciones de ingreso y de oportunidad, y sobre todo por la falta de iniciativa. Para algunas personas un ingreso restringido importa muy poco, de hecho a menudo parece servir para extraer de la vida una gran suma de realidad; estoy segura de que hay hombres y mujeres que hacen el mercado en callejuelas de París, compran cuatro zanahorias y un trozo de carne para su diario sustento y llevan una existencia perfectamente real y memorable. La falta de iniciativa es lo que realmente nos tulle, y en eso es donde estamos encerrados sin esperanza tú y yo y el tío James. Somos otros tantos animales atascados en una terraza de Mappin [Mappin es el diseñador de un nuevo tipo de zoológico], con esta diferencia en contra nuestra, la de que los animales están allí para que los miren en tanto que a nosotros nadie quiere mirarnos. Nos resfriamos en invierno y en verano nos da la fiebre del heno, y si a una avispa se le ocurre picarnos, bueno, es iniciativa de la avispa, no nuestra; nosotros nos limitamos a esperar que disminuya la hinchazón…”

Al lado del feliz

Al lado del feliz que nace a borbotones
mi cada intento se hace un nudo.
Mi letra es apenas un istmo,
frágil.
Le escribo como siempre a tus cejas,
al pedernal de tu cuerpo parqueado macha atrás.
Hubo un tiempo en que eras perfecta;
eras valiente y enseñabas el borde de tu cara.
Podía ver el ceño misterioso, cómplice,
y la vista clavada en el lugar donde quiero.

Quiero mucho tu fantasma

Quiero mucho tu fantasma,
aunque pase y esté mal como cualquiera.
Nada como escribir al fresco,
al sol.

Ahora mismo adoro bellas nalgas
que pasan, merodean.
Curioso cuando en mí no hay un hombre,
Soy un gen aferrado a su maquinaria
fría, tendiente a un fin.
Mi única venganza es escribir
que soy algo mejor.
El engaño que hemos creído
necesario.
Correr del susto,
del reloj que late recordando.

Te torturo,
tú no eres mi diario.
Tú eres una simple mujer que vi en esta época
y quise de mezclilla,
con pelo;
que no me ha enseñado su miedo.

Todo indica que quiero el querer tuyo,
pero mi gen tu esqueleto;
la libra que cargo en la carnicería,
el color que se dora en el horno.
Quiero una mujer universal cuando no lo soy de hombre.
¿Por eso mismo?
Más ancha.
Pero mi pie se disloca y mi ojo es del tercer hermano.
Por eso escribo y no encuentro
forma de salir de estas barreras mappineanas

Sin dedicar

Sin dedicar esta el verso,
desagradecido
como otras noches que escurren mi tiempo.
Baldíos años
remontan el miedo.

Y eso que conocí tu faz
escondida, silente.
Conocí tu mordida, parte;
tu célula entre el porta- y cubre-objetos.

Hay un mundo donde nos damos besos,
donde me conoces duro, émbolo,
y tu cuerpo no es más que el despojo en que uno torna, estalla.

Pero no es este.
Ya no escribo las bitácoras
pues debo quedar para siempre Sísifo,
y tú no debes ceñirte en Ella.

Ella.
Con el pegamento que lleva suponerla,
no se le pide a nadie se ponga su chaleco.
¡Tengo tantas ganas de encontrarte!
Aquí.
Y te conjugo con todas las fisionomías.
Eres una mulata tropical que pasa remeneando.
Serás india, sueca.
¿Existirán tus ojos en un lugar escondidos?
¿Cómo los llamo?
Sólo pedí mirar.
Mi amor se reconoce voyeurista.

Me desinflo y conmigo todos los muñecos de paja.
¿Qué pensarás ahora?
Me busco a mi mismo en el espejo.
Descuelgo mi amor físicamente decondicionado.

No eres tú,
somos dos vasos comunicantes.
No existes hasta que te invoco,
pero si llegas me muero.
Ser, escucha:
Soy yo.
Y tú eres la mujer más linda de todo el universo.
Pero ¿estás ahí?
O es un eco,
un ego ortogonal a mi desvarío.

Hay algo en ti mujer del mundo
que empiezo a hablarte y choco en otro lado.
Maldito en Babilonia.
Así me siento,
que mi esencia es el polvo y la paja de ti, mi antípoda.

¿Mas qué soy
si no un suspiro?
¿Qué hago mejor que hablarte
en este vacío confesionario?

Visión

Ahora mismo tengo una visión:
A nuestros actos -todos superfluos-
alguien los espera reflexivo.
Hay que crecerlos como un profesional.
Si no nacen ¡qué desperdicio!
No valieron la comezón, la lágrima.

No siempre soy perfecto.
No veo, no me aplico,
yo cosmos,
cansado de mi mismo.
Mi intención se quiere despedir del mundo
como una grabadora.
Mi mente dando taps sobre tu cuerpo,
repetidamente,
con la emoción de un loco.

En cambio tú, cosmos
¡Crece mi intención!
O la de alguno.
Puesto que reina lo asíncrono
¡Vale, vibra, dale o dame!
¡Brota! desparpajo de la vida
Que alguien se lo bebe todo
y si no, ¡yo lo quiero!

El abandono

El abandono no soy yo, es mi victimario.
Fuera del tiburón asoma mi cabeza perdedora, tétrica.
El grito es la excusa ¡Te quiero!
El sentimiento se amplifica cuando entran los demás,
como el coitus interruptus.
¿A quien reclamo lo que se frustra?
Te necesito mucho a ti, palabra,
verbo.
Sin ti mi realidad se precipita,
alguien le lleva el antifaz.

Este minuto se lo he robado al molino,
a las ruedas dentadas de mi tiempo.
¿Cómo puedo decir?

Yo soy el que aporrea el sudor de una cantera.
Romo, tosco,
así nací.
¡Salvame de mí!
Dame tu vida así que hable de ella
y no estos soliloquios.
Igual tus versos, tus shorts,
la salsa, lo que quedó, tu sombra.
Y dime si eres tú, repite.

¿Por qué vivo en un mundo tan mudo de otras voces?
¿Es la señal?
Es mi voz que regresa como un bumerán.
No es que sea aficionado a lo solemne.
Esto furtivo,
la pobre interacción ¿me ciega?
¡Dame todo!
El sentimiento que deben tener nuestras primas las bacterias.